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jueves, 17 de marzo de 2011

El Papel: Sus cualidades escenciales

Distintos papeles, expuestos a circunstancias similares, reaccionan de manera diferente. La variedad de sus comportamientos está determinada -en gran medida- por su materia prima y método de fabricación.

Los primeros papeles se hicieron en China, alrededor del año 105, utilizando fibras de celulosa aportadas por cáñamo, restos de trapos y cortezas de arbustos.

La fibra necesaria es siempre celulosa, aunque su fuente ha variado según la época y los países. La celulosa se obtiene de los vegetales. En cada especie, las fibras presentan características particulares que permiten identificar su origen y confieren propiedades específicas a los papeles que producen.

Los mejores papeles -en cuanto a duración y resistencia- se hacen a partir de plantas con fibras largas y puras.

Las fibras del algodón se destacan entre otras porque son largas y -ya en su estado natural, sin demasiado tratamiento previo- son prácticamente sólo celulosa.

Los tallos del lino y del cáñamo son también fuentes de fibras largas, de celulosa muy pura. Algodón, lino y cáñamo fueron utilizados durante siglos para la producción de papeles. Ellos resultaron de excelente calidad y aún hoy se conservan.

La corteza interna de algunos arbustos orientales (por ejemplo kozo, mitsumata y gampi), se usan tradicionalmente en Japón para fabricar papeles delgados, translúcidos y de una resistencia superior a la de los papeles occidentales. Ellos se usan en restauración, en laboratorios de todo el mundo.

Desde mediados del siglo pasado, la mayoría de los papeles se fabrican con madera. Si ésta es desintegrada con métodos químicos, se obtiene celulosa muy pura y con ella papeles comparables a los de trapo. Si, por el contrario, la madera es procesada sin previa eliminación de la lignina que contiene, los papeles resultantes tienen poca expectativa de vida.

Dice Keiko Keyes: "es interesante observar que en Occidente usamos expresiones como: “fino como un papel”, “frágil como un papel” y lo tomamos como símbolo de fragilidad, no de permanencia. En Japón y China, por el contrario, el papel no es considerado frágil: sombrillas, puertas corredizas y ambién kimonos y otros objetos de uso diario, están hechos con papel". Ambas visiones son acertadas. Insistimos, "El papel puede ser muy durable si fué producido con materiales puros y mantenido bajo condiciones favorables. Podemos comprobarlo en los museos,al observar grabados europeos del siglo XV..."

Para identificar la causa del daño que sufre un papel, es imprescindible comprender las principales cualidades y características de este material.

Keyes describe la fabricación de una hoja de papel y a partir de allí explica sus principales características:

"...para hacer papel a mano, se macera en agua el material fibroso hasta que se separa en fibras individuales. Luego de maceradas, las fibras se mezclan con agua y se recogen con una especie de colador o filtro plano. Cuando el agua drena a través del filtro, en la superficie queda depositada una capa de fibras enredadas. Al secarse, este depósito de fibras enmarañadas, será una HOJA DE PAPEL.

Este entramado de fibras, como en un fieltro, es el primer atributo importante del papel.

Al fabricar la hoja, las fibras se entrecruzan y se conectan, fijándose en los puntos donde se tocan, dándole al papel fuerza y flexibilidad.

Pero las fibras no se adhieren entre sí con suficiente firmeza por el simple hecho de entramarse, sino porque al mezclarlas con agua se las golpea, aumentando la hidratación y consiguiendo un desfibrado que posibilita mayor superficie de contacto entre ellas. Sin este golpeteo en presencia de agua, los papeles producidos serían débiles y frágiles, porque carecerían de conexión fuerte entre fibras. Cuando más se golpean, más fuerte es la unión entre fibras y el papel resultante es suave, translúcido y estable cuando se lo expone a humedad".

Otra característica importante del papel, señala Keyes, es su capacidad de absorber "La celulosa tiene una afinidad natural con el agua, y todos los papeles son higroscópicos por naturaleza.

Una hoja de papel es una estructura porosa, constituida por fibras huecas, que generan agujeros y poros al cruzarse y ligarse entre sí. Siendo poroso, el papel puede absorber agua, con frecuencia mucha más que su propio peso. Algunos papeles son más absorbentes que otros.

Los papeles extremadamente absorbentes no son aptos para cierto tipo de escritura, dibujo o impresión, ya que la línea o imagen trazada, se corre. Se puede reducir el grado de absorbencia de un papel, si se lo encola. Tradicionalmente, se aplicaba gelatina, cola, almidón o goma a cada hoja. En los papeles modernos se han usado encolantes como el fatal alumbre-colofonia, muy tristemente célebre entre los conservadores por los daños que causa al papel".

Con lo dicho hasta aquí, se hace evidente que las características de un papel no sólo dependen de qué tipo de fibras se utilizaron en su fabricación, sino también del tratamiento que éstas recibieron y de qué ingredientes (cargas y encolantes) se agregaron a la mezcla de agua y fibras.

Las cargas ayudan a lograr el tipo de papel requerido, modificando su opacidad, color y grado de acidez.

Los encolantes permiten controlar el grado de absorción que tendrá la hoja terminada. Sin ellos, el papel es absorbente como un secante.

Como dijimos, el tipo de encolantes y cargas que se agrega a las fibras, modifica esencialmente las características del papel. Si se usan encolantes neutros y cargas alcalinas (por ejemplo, carbonato de calcio) el papel tendrá mayor resistencia al daño que producen la luz intensa y el aire contaminado.

Durante los últimos ciento cincuenta años, se utilizó un encolante llamado alumbre-colofonia que, aplicado a fibras de madera no tratadas con procesos químicos, da como resultando papeles que se tornan amarillentos y quebradizos en poco tiempo. Por esta razón, si observamos papeles de diferentes épocas, notaremos que los del siglo XIX están -en general- peor conservados que los producidos en siglos anteriores.

Si no se utilizan encolantes neutros, aún las fibras de mejor calidad sufren deterioro.

Estas consideraciones son importantes para los artistas que buscan soportes duraderos sobre los cuales producir sus obras, para los responsables de generar documentos que deban conservarse y para todos los involucrados en tareas en las que se requiera un papel de larga vida, de los denominados "permanentes".

En su artículo, Keyes menciona una tercera propiedad del papel: su flexibilidad o capacidad de “ceder”. "Esa plancha de fibras enredadas que es la hoja de papel, no es rígida. Se la puede curvar -con frecuencia hasta un extremo sorprendente- antes que las fibras del papel se quiebren y se rompan (como en un plegado), o se separen entre sí (como en un desgarro).

"Ceder" es una palabra que elegí para referirme a un aspecto de la flexibilidad del papel: la cualidad de compresión que le permite tomar y retener la forma de un objeto con que se lo presione, como por ejemplo: la punta de un lápiz o el borde de una plancha de grabado o las líneas de un bloque de madera. Esta cualidad de ceder -o comprimirse- es favorecida por la presencia de humedad. Me gustaría comentar otras peculiaridades del papel, derivadas de las cualidades (entramarse, absorber y ceder) que acabo de describir.

Debido a la última de las cualidades descriptas, las hojas tienen diferentes texturas en su superficie. Algunas son suaves como la seda y otras muestran una textura robusta, con líneas bien espaciadas y superficie rústica. Esto depende de cuán texturada sea la superficie del molde usado para su fabricación y del posterior proceso de secado y prensado.

Las cargas y recubrimientos -como la arcilla- que se agregan con frecuencia al papel para sellar los poros entre las fibras, cumplen un rol similar al de los “fondos” en la pintura al óleo: aumentan la lisura del papel y su receptividad a la tinta y alteran la reflectancia de su superficie. Debido a su capacidad para absorber, las fibras papeleras aceptan con facilidad anilinas y pigmentos y el papel puede hacerse en varios tonos y colores. Pero para obtener papeles más blancos partiendo de fibras oscuras y también para eliminar las impurezas, los papeleros -tradicionalmente- han blanqueado las fibras antes de formar las hojas.

Los antiguos métodos de blanqueado -con luz solar, cenizas o leche agria- eran relativamente suaves y no dañinos para las fibras y producían un papel fuerte con un cálido tono blanquecino. En los papeles actuales, las fibras se blanquean con productos químicos y resultan de un blanco deslumbrante. Para aplacarlo, los fabricantes usan colorantes. No parece necesario aclarar que las fibras, de por sí cortas y débiles -sobre todo en papeles modernos como los hechos con madera- se debilitan aún más por la fuerte acción química de los blanqueadores y sus residuos.

Las hojas de papel varían en peso, o sea en espesor y densidad. Dado que las fibras se entraman muy regular y eficientemente, es posible hacer hojas de papel extremadamente finas. El único límite real para el espesor de una hoja, está dado por la profundidad del molde que se utiliza.

Las hojas húmedas también pueden superponerse, para hacerlas adherir unas a otras formando un laminado, como es el caso del cartón.

La orientación predominante de las fibras en una hoja, determina la fuerza y estabilidad de ésta. Cuando el papel se hace a mano, el fabricante agita el molde en todas las direcciones, produciendo que las fibras se crucen y liguen uniformemente en todas las direcciones. Cuando el papel se hace a máquina, las fibras -transportadas a gran velocidad sobre una malla- se alinean paralelas a la dirección en que ésta corre. Los papeles hechos a máquina muestran un grano característico en la dirección en que fueron arrastrados por la malla. Se desgarran con más facilidad a lo largo de la línea del grano y, cuando se humedecen, se expanden y arrugan en la dimensión perpendicular al grano. El papel se expande cuando está húmedo y se contrae cuando está seco. Debido a su capacidad de absorber (naturaleza higroscópica) el papel es dimensionalmente inestable cuando se lo expone a niveles variables de humedad. Cuando cambia el contenido de humedad de un papel, éste se puede expandir y contraer drásticamente; o poco, imperceptible y uniformemente, dependiendo de la longitud de las fibras, su orientación, grado de hidratación, y el espesor o densidad de la hoja. Esta inestabilidad dimensional es tema de gran importancia para el mundo de la Conservación del Papel.

Una peculiaridad del papel, derivada también de la naturaleza de la celulosa, es su tendencia a degradarse, deshacerse o volverse quebradizo cuando se lo expone a temperatura alta, sequedad, Humedad Relativa alta que estimula el ataque de hongos, luz y ciertos químicos ambientales. Este último punto nos lleva a lo que constituye el campo de trabajo de los conservadores de papel: una serie de dificultades y problemas a los que el papel es susceptible debido a sus cualidades únicas y a su propia naturaleza".

Keyes plantea que si bien el papel producido con materiales puros y mantenido bajo condiciones favorables puede ser muy durable, todo papel es estructuralmente débil comparado con otros materiales como pergamino, madera, piedra o acero. A diferencia de aquéllos, al papel se lo puede rasgar, quebrar, quemar, cortar o aplastar fácilmente, y destruírlo por completo.

"Dado que el papel es absorbente, si sobre un dibujo volcamos una taza de café, éste será absorbido de inmediato, manchando el papel. Si el mismo accidente ocurriera sobre la superficie barnizada de una pintura al óleo, se podría quitar el café sin dejar mayores rastros en la pintura.

La celulosa también tiene la desgraciada propiedad de ser digerible. Sería raro que una vaca o una cabra entraran a una biblioteca, pero son muchos los insectos y hongos que encuentran en el papel algunos de sus alimentos favoritos, como por ejemplo la gelatina y el almidón usados como encolantes.

La tendencia de la celulosa a ponerse quebradiza cuando envejece, es otro de los problemas serios que sufre el papel. Su envejecimiento prematuro es causado por ácidos que lo atacan desde muchas fuentes: gases en el aire de las ciudades, emanados de los autos y las industrias; gases desprendidos de la madera de una caja en la que se lo guarda; impurezas en la composición de un cartón sobre el que está enmarcado.

Los ácidos también pueden desarrollarse en el propio papel, a partir del alumbre usado para encolarlo; de la lignina no extraída de entre sus fibras; de los residuos de los químicos con que se lo blanqueó; o de otras impurezas. También son altamente acídicas las tintas metalogálicas.

Todas las fuentes mencionadas provocan la decoloración, fragilización y eventual desintegración del papel.

El interés en el arte y las antigüedades ha aumentado muchísimo en nuesta época, y en consecuencia ha aumentado la cantidad de objetos en papel que se han puesto en exhibición en las paredes y vitrinas de museos y de casas particulares.

En ese estado de exhibición, el papel está a merced de la luz, de las fluctuaciones de humedad y temperatura, y del aire contaminado. Estos elementos causan un considerable daño directo y además actúan como catalizadores, acelerando reacciones que podrían haber quedado latentes. Al activarlas, el papel queda bajo su influencia y se deteriora mucho más rápidamente.

Los metales se oxidan y se deshacen. La madera se tuerce, se parte y los insectos pueden convertirla en un encaje. Pero el papel, es vulnerable al daño desde todos los frentes. Como un niño sensible con la salud delicada, el papel es más susceptible, tiene menos recursos para obtener ayuda y menos chances de sobrevivir a sus muchos y variados daños, que otros materiales más robustos".

Texto e imágenes:
Felipe Gilabert Rodríguez
Bibliotecólogo Biblioteca Patrimonial Recoleta Dominica


Fuente:
Fundación Patrimonio Histórico. El Papel: Sus cualidades escenciales [on line].
Disponible en línea: <http://www.patrimoniohistorico.org.ar/articulos/94-el-papel-sus-cualidades-escenciales.html>



miércoles, 24 de febrero de 2010

Noticias sobre conservación de papel.






Una argentina fabrica el único papel que dura 100 años.



Es fotógrafa y tiene la planta en Berazategui; el producto es libre de ácido y se usa en museos.




25 de enero 2010.


Olga Arean espera ansiosa la llegada de abril. Ese mes viajará a Qatar para competir por el Premio a la Mujer Empresaria que otorga la Conferencia de las Naciones Unidas sobre Comercio y Desarrollo (Unctad). En esa terna, se enfrenta con otras nueve mujeres y está confiada: cree que, tras una década de investigación sobre la conservación del papel, su empresa Conservante, la única de la región que produce papel libre de ácido, le permitirá alzarse con el preciado galardón.
"Diez años es mucho tiempo. Trabajamos mucho en este proyecto. Cuando empecé a nadie le importaba el tema y hoy estamos logrando que el público comprenda la fragilidad de un documento. Las fotos, los títulos universitarios, las obras de arte..., todas estas sucumben al paso del tiempo, pero nuestros sobres y cajas permiten conservarlos por 100 años", resume Arean.
La fotógrafa y conservadora, de 53 años se formó en Estados Unidos y se animó a montar su planta en el Parque Industrial de Plátanos en Berazategui. Conservarte abrió sus puertas en 2001.
"Atrás de eso ya venían arrastrados años de investigación. Yo empecé importando el producto, pero me negué a seguir y confié en que podía hacerlo yo misma con la gente de mi país... Creí firmemente que podíamos crear trabajo y hacer las cosas bien", recordó.
Para empezar, Arean se juntó con una ingeniera y empezó a testear los papeles. Inmediatamente después, aplicó y obtuvo un crédito por US$10.000 que entregaba la Provincia de Buenos Aires a proyectos innovadores.
"Con eso hicimos la primera bobina de papel. Todo fue testeado junto con el INTI (Instituto Internacional de Tecnología Industrial) y conseguí una patente de invención por desarrollar un polímero que controla la temperatura en las cajas y forma una barrera contra insectos y humedad", relató Arean, que comenzó en un garaje y luego instalarse en el predio industrial.
La empresa desarrolló tres productos exclusivos: Permafot, un papel permanente libre de ácido; Permart, una cartulina libre de ácido, y Permaon, cartón corrugado con las mismas condiciones y polietileno neutro, que conforma la barrera contra la humedad.
"Nuestros cartones protegen por 100 años cualquier documento y nuestros precios son un 150 por ciente más económicos que los importados", dijo. Salió a vender sus productos acompañados por un servicio integral de conservación, que incluye el asesoramiento y la recuperación de documentos.
Entre sus clientes están la biblioteca del Congreso de la Nación, el Museo Nacional de Bellas Artes, el Museo de la Casa Rosada, el Centro Cultural Ricardo Rojas, la Escuela Argentina de Fotografía, la Fundación Antorchas, la Fundación Jorge Luis Borges y la Fundación Parque de España.


Crecimientos y desafios


La empresa también tiene clientes en el exterior en países como Chile y Ecuador. "En 2008 las exportaciones fueron el 30 por ciento de nuestro negocio y si bien el año pasado no tuvimos mayores envíos, confiamos en que eso va a cambiar", agregó la emprendedora, que hizo el taller de formación empresarial en la Fundación Empretec, en donde aprendió a "correr riesgos calculados y planificar".
Conservarte facturó medio millón de pesos en 2008 y el año pasado duplicó esa cifra. "Esperamos crecer esta año también", dijo Arean.
"Tenemos varios desafíos enfrente. Uno es llegar a las empresas con nuestro mensaje. Lo cierto es que todas las compañías que certifican ISO deben guardar documentos y nuestras cajas libre de ácido son ideales para eso. Voy a visitar empresas para llevar y explicar el mensaje", agregó. Para la emprendedora el otro gran desafío es explicarle al consumidor final la importancia de gurdar documentos en la forma adecuada.
"La gente no es del todo consciente sobre el tema. Piensa que, enmarcando un título, lo va a proteger, y eso está muy lejos de la verdad. Tenemos que trabajar para que entiendan los beneficios de nuestros sobres y papeles", concluyó, tras anticipar que está trabajando en el desarrollo de un papel que "conserve naturalmente lo que se le imprima por más tiempo".

Mercedes García Bartelt

La Nación (Argentina).



Determinar el estado exacto de conservación de un libro sólo por su olor.


15 de enero 2010


Los científicos pueden no ser capaces de adivinar un buen libro por su cubierta, pero ahora sí pueden determinar, a través del olor, en qué condiciones de conservación se encuentra un libro viejo.
Un grupo de expertos ha desarrollado un nuevo análisis que puede medir la degradación de libros antiguos y documentos históricos sobre la base de su olor. La prueba "olfativa", no destructora, puede ayudar a bibliotecas y museos a preservar una variada gama de objetos de gran valor hechos de papel, algunos de los cuales están degradándose rápidamente debido a su gran antigüedad.
Matija Strlic y sus colegas hacen notar en el estudio que el bien conocido olor a moho que emana de un libro antiguo cuando sus lectores lo hojean, es el resultado de cientos de los llamados compuestos orgánicos volátiles (COVs) que emanan del papel.
El aroma de un libro viejo es familiar para todos los usuarios de una biblioteca tradicional. Este inconfundible olor es tan propio del libro como su contenido. Es el resultado de las emanaciones de varios cientos de COVs procedentes del papel y de todo el objeto en general. La mezcla particular de compuestos es la consecuencia de una red de vías de degradación, y depende de la composición original del objeto, incluyendo el sustrato de papel, la encuadernación y otros elementos.
Esas sustancias volátiles portan pistas sobre la condición del papel. Los métodos convencionales para analizar los materiales de las bibliotecas y de los archivos incluyen, entre sus pasos, cortar trozos del documento y estudiar esas muestras con el equipamiento tradicional de laboratorio. Pero con esta manera de trabajar siempre se daña al objeto en estudio.
La nueva técnica analiza los gases emitidos por los libros y documentos viejos, sin alterar a los objetos. Los científicos la utilizar para "olfatear" 72 documentos históricos de los siglos XIX y XX. Identificaron 15 COVs que parecen ser buenos candidatos a marcadores para determinar el grado de degradación del papel con el propósito de optimizar su preservación. El método también puede ayudar a conservar otros objetos de interés histórico.